lunes, 8 de diciembre de 2014

La silla metafísica


    La imagen corresponde a una ilustración secundaria del Álbum Ilustrado Marta y el baúl, de Rosa Muñoz. Aunque es un libro que en su primera intención es infantil, no puede evitar continuas referencias a la vida adulta y a las experiencias dolorosas del amor, o mejor del desamor. Y es por eso que las ilustraciones tampoco son en esencia infantiles, como esta silla. Me sirvió de modelo una sillita de juguete de apenas cinco centímetros, cuando secó la tinta y acabé las sombras no pude evitar sentir al contemplarla una incomodidad creciente, que no es más que uno de los tantos síntomas que componen la química original de la nostalgia, o de la incertidumbre, o de la ausencia... en principio es la niña protagonista, Marta, quien abandona la silla donde estaba leyendo para hacer algo mejor, y la silla queda ahí, erguida gracias a las sombras del carboncillo, como punto de referencia del gran espacio abandonado.

<a href="http://www.safecreative.org/work/1412082720407-marta-y-el-baul" target="_blank"> 
<span>Marta y el baul</span> - 
<span>(c)</span> - 
<span>Mari Paz Pellín Sánchez</span> 
</a> 

jueves, 9 de octubre de 2014

ÁRBOL Y MURO


   De entre las imágenes de la infancia rescato de vez en cuando la de dos árboles magníficos (creo que eran plátanos) que crecían junto a un muro en un jardín privado. El espacio entre la pared y los troncos era suficiente como para que un niño pudiera considerarlo su propia casa. Formaba esa breve distancia una cueva perfecta y una simbiosis armónica de cualidades táctiles: la suavidad contenida del tronco junto a la amargura arenosa de la cal blanca. Un poco más allá estaban los columpios pero los árboles fueron durante un tiempo el lugar ideal donde esconderse, un pequeño microcosmos de hormigas, resina y ramas.
   Y digo durante un tiempo porque los árboles, como nosotros, fueron creciendo e invadiendo el espacio que correspondía al muro. Cuando raices y troncos agrietaron la pared fueron cortados. Desaparecieron sin más, sin drama alguno, los niños, ya mayores, caímos un día en que ya no estaban. Supongo que ese día perdimos algo...
   Este verano de campo me dio de nuevo la ocasión de vivir con árboles y una tabla agrietada a base de mezclar resinas y materiales plásticos me permitió restituir la paz entre muro y árbol, es más, de ver surgir el mismo tronco de entre las grietas, como si éstas no fueran parte de la pared sino de la misma tierra horizontal y fértil. De reclamar silenciosamente el espacio de los árboles más allá de la tumba de sus muros.

lunes, 9 de junio de 2014

Portulano

Si al menos pudiera con estos poemas
de sed y cansancia
ir cosiendo a pedazos la piel de cordero
de aquel mapa naútico;
ir trazando
con cuerpos de versos
   Islotes
algún roquerio tal vez
           la bahía de tus manos...

    Éste es un fragmento del poema Mapae Mundi, que encabeza el poemario Odre de viento de Alicia Merino. Los portulanos eran mapas que usaban los navegantes hace siglos, a falta de papel se trazaban en piel de cordero y a ellos pertenecía una iconografía muy especial: soplones, sirenas, barcos, ballenas, símbolos todos que venían a señalar peligros, direcciones, vientos, límites... en los que se mezclaba realidad y fantasía.

   La ilustración que pertenece al poema, una acuarela en la que también se ha usado pigmentos en polvo, viene a interpretar esta vieja escritura de los mapas. El trazado propio de las costas, golfos y playas, que en un portulano real es exterior en la ilustración es interior, irreal, circular, de alguna manera mostrando la pérdida de dirección vital de la que nos habla el poema.






jueves, 5 de junio de 2014

Perténope

   Parténope fue una de las sirenas que cantó a Ulises tentándolo para que se lanzase al mar. Como Ulises ordenara a su tripulación que lo atara fuertemente al mástil de su barco, tal muerte no se produjo por lo que, y eso también es parte de la leyenda, una de las sirenas debía morir. Parténope fue arrastrada por las corrientes hasta el golfo de Nápoles en una lenta agonía y allí murió.
   Alicia Merino cuenta con maestría, en cinco hermosos poemas (La Apología, El Entendimiento, El Desconcierto, El Abandono y El Surgimiento) el enamoramiento de Parténope y el abatimiento y la soledad que sobreviene tras el rechazo de Ulises.
   Parténope es una pequeña acuarela de 30X42 cm que intenta recuperar la verdadera tradición de las sirenas: en la época griega eran reflejadas como gallinas con cara de mujer que sobrevolaban la suerte de los marineros que toparan con ellas y con la belleza de su canto. Esta Parténope tiene, como ellas, alas y garras.




La ilustración pertenece al poemario Odre de viento, de Alicia Merino. Editorial, Torremozas, Madrid.

sábado, 31 de mayo de 2014

Soy un árbol

    No creo que sea capaz nunca de pintar mi propio retrato. No reconozco mis facciones, a diferencia de los rostros de otros, mis rasgos se desdibujan en mi mente, se me escapan... decidí entonces ofrecer otra clase de autorretrato recurriendo a la representación simbólica: un árbol (sólo el tronco, las ramas y raices en disposición caótica, desgarbado, inexistente, puramente imaginado) como representación de una misma.
    La idea del árbol nace a partir de las largas y fértiles conversaciones que mantengo con Clara (otra artista, gran artista), ella me definió así al mismo tiempo que introdujo en mí la necesidad de materializar esa idea en una tabla (de madera, como el árbol). Ahora me encantaría rodearme de un bosque, troncos levantándose en tablas de distintos tamaños, estrechas y largas. Aunque tristemente no es una buena época. Escasea el tiempo. Al menos salió éste.